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26 diciembre 2006

La Llorona

MISTERIOS DE MÉXICO / FANTASMAS
Consumada la conquista -dicen los cronistas de Indias- y poco más o menos pasada la media noche, principalmente cuando había luna, los habitantes de la gran ciudad de México despertaban espantados al oír, en la calle, tristes gemidos lanzados por una mujer a quien afligía sin duda, honda pena moral o tremendo dolor físico. Las primeras noches, los vecinos contentábanse con persignarse o santiguarse, al oir aquellos lúgubres gemidos que eran, según ellos, de ánima del otro mundo; pero fueron tantos y repetidos y se prolongaron por tanto tiempo, que algunos osados y despreocupados, quisieron cerciorarse con sus propios ojos qué era aquello; y primero desde las puertas entornadas, de las ventanas o balcones, y enseguida atreviéndose a salir por las calles, lograron ver a la que, en el silencio de las obscuras noches o en aquellas en que la luz pálida y transparente de la luna caía como un manto vaporoso sobre las altas torres, los techos y tejados y las calles, lanzaba agudos y tristísimos gemidos".

RELATOS SOBRENATURALES SOBRE LA LLORONA
"Cuando tenía 10 añitos, mi abuela y yo asistimos al velatorio de una vecina. Al volver a casa, por el camino del pueblo (Ameca-Ameca) oímos un ruido y la abuela me dijo que me voltease a ver quien venía, y vi a una mujer vestida de blanco, con el pelo suelto, volando sobre el camino. La mujer volaba hacia nosotros pero no llego a alcanzarnos en ningún momento. Al llegar junto a un árbol se detuvo y entonces empezó a gritar. Y de pronto desapareció en el aire..."
Gloria Rosa Pérez, vecina del pueblo de Ameca-Ameca


"Yo estaba con mi novia, hace ya muchos años, y la había acompañado a casa para despedirnos después de una tarde paseando y, en fin, lo que hacen todos los novios. Ya había anochecido, y yo acababa de dejarla en la puerta de su casa, y entonces la vi. Era una mujer, de unos treinta o cuarenta años. Llevaba un vestido blanco muy holgado, y semitrasparente. Tenía el cabello suelto, y negro como el azabache. Estaba como flotando y de pronto empezó a gritar. Eran unos gritos espeluznantes, unos lamentos de verdad sobrecogedores... y de pronto desapareció en la noche. Como si la hubiesen jalado desde el más allá..."
Alberto Islas, ex-policía judicial del Distrito Federal

Fuente:
Los Siete Misterios de México
Manuel CarballalMundo Misterioso


1 comentario:

Vampírum-Pável dijo...

Saludos, Rafa. Cuando las esposas de uno fallecen, se transforman algunas en lloronas. Caminan de noche esos fantasmas lamentándose de no encontrar las carteras de sus viejos. Chille y chille van por la calle arrojando lágrimas por los centavos perdidos.