RADIO ON LINE | ¡Apaga la luz y atrévete a escucharnos!

12 julio 2007

Psicóticos y Psicópatas

Por: Pilar López Bernués
Colaboradora de Enigma 900
en Barcelona, España

ARTICULOS ENIGMATICOS

Entre los muchos enigmas que nos rodean, existe uno al que es difícil enfrentarse y entender con la razón. Ya se ha hablado sobre ello en esta web, de modo que sólo voy a expresar algunas anotaciones complementarias que he obtenido tras la lectura de un detallado estudio firmado por el criminólogo Vicente Garrido, en concreto “La Mente Criminal”.

Cuando hablamos de psicóticos nos estamos refiriendo a personas enfermas. En su mente oyen voces, viven existencias paralelas y sus actuaciones son reflejos de un cerebro insano.
Los psicópatas son seres perfectamente “normales” y plenamente conscientes de lo que hacen. Su particularidad estriba en que no sienten pena, culpa, compasión o remordimientos. Quizá su actitud sea la del egoísmo llevado al límite.

El primer asesino en serie conocido fue Jack el Destripador. Y es curioso constatar que sus crímenes tuvieron algo positivo: Sirvieron para concienciar a los londinenses de las condiciones insalubres de determinados barrios como Witechapel.

En la época de Jack apenas se recogían muestras en el lugar del crímen y la detención e inculpamiento de criminales se basaba especialmente en las versiones de testigos. Pero mientras el Destripador ponía en velo a Scotland Yard empezaba a nacer la ciencia forense...

Primero fueron las fichas antropomórficas hechas a los detenidos. En la creencia de que no existen dos cuerpos absolutamente iguales, se tomaban unas determinadas medidas que podían servir más tarde para detectar a un sospechoso ya fichado.

Luego llegó la dactilografía, aunque en un principio no se consideró que una sola huella fuera suficiente para identificar a una persona y solían usarse las diez. A principios del siglo XX el conocimiento y uso de las huellas digitales era aún muy pobre. Recientemente, el ADN y el estudio del perfil se han sumado a los métodos forenses.

Parece que cada asesino en serie deja su “firma” de alguna forma, aunque no deje ninguna, ello forma parte de su perfil. Por lo general, suelen ser personas con un alto nivel intelectual, se creen superiores e invencibles. Otros, por el contrario, buscan un protagonismo que les ceda un lugar en la historia.

Uno de los casos más extraños es el de Ted Bundy. Era un hombre atractivo, con estudios y una vida estable. Mató a docenas de jóvenes estudiantes a las que no conocía. Disfrutaba matando y violando, incluso a los cadáveres. Cada vez su “necesidad” se hizo mayor, pero Ted era un hombre astuto y no dejaba rastro de sí. Cuando lo detuvieron, él mismo actuó como abogado defensor, completamente seguro de su status superior, y hasta ofreció sus servicios al FBI para identificar y capturar a otro asesino en serie que ya llevaba más víctimas que él.

Parece ser que hay una clara diferencia entre hombres y mujeres “asesinos en serie”. Mientras en los primeros suele imperar un retorcido deseo sexual, de posesión o sometimiento de la víctima, las mujeres que actúan solas persiguen otro tipo de satisfacciones, por ejemplo el económico.

Lo que puede llegar a hacer un ser humano con otros seres humanos es un auténtico enigma, como lo es el “por qué”. Afortunadamente, la ciencia aplicada a la criminología ha supuesto un paso importante en esa caza del hombre, una caza que no debería tener razón de ser entre seres que se llaman civilizados, pero todos sabemos que, por desgracia, bajo todas las apariencias, estatus sociales y culturas existen seres que sólo disfrutan matando o torturando... ¿Por qué?

No hay comentarios.: