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02 junio 2007

El Misterio de los Muñequitos de Acámbaro

MUNDO MISTERIOSO

La historia de las figuras que aparecen en las fotos que salpican este artículo comienza en julio de 1944, cuando un simpático aventurero Waldemar Julsrud, descubrió, semi-enterradas, unas pequeñas figuritas de arcilla en una excavación en el municipio mexicano de Acámbaro, una aldea de la provincia de Guanajuato. A dicho aventurero se le atribuye el descubrimiento, en 1923, de la cultura chupícuara, una supuesta civilización de la era preclásica que habitó Centroamérica mil años antes de Cristo, y que sería la civilización más antigua conocida en América anteponiéndose en el tiempo a los Tarascos, la cultura india más antigua conocida en aquella época. El aventurero se dio cuenta de que podía haber encontrado un importante yacimiento de objetos artesanales comparables a lo de Chupícuaro, ya que según excavaba en la tierra empezaron a aparecer más y más figuritas.


Hizo entonces un trato con un granjero local que respondía al rimbombante nombre de Odilón Tinajero, mediante el cual se comprometía a pagar 1 peso por cada figura en buen estado que le entregara. Así pues, el sr. Tinajero fue quien explotó el yacimiento, entregándole a nuestro aventurero protagonista más de 37.000 piezas de cerámica (en algunos casos, con incrustaciones de jade u obsidiana), la inmensa mayoría de las cuales eran miniaturas que representaban el estilo de vida de la época; pero también aparecieron jarrones y máscaras tribales.

La polémica en torno al asunto de Acámbaro radica en que entre todas esas miniaturas aparecen algunas que representan al hombre de Chupícuaro luchando con extrañas bestezuelas muy similares a los dinosaurios. En caso de que el descubrimiento fuese real, esto significaría que hace 3.000 años aún había grandes reptiles en América, y lo que es más importante, el hombre habría tenido contacto con ellos.

Murió el 30 de noviembre de 1964. Por aquel entonces, Waldemar vivía totalmente dedicado a las 37.000 figurillas. Su enorme casa era como una bodega, a la que llegaban montones de curiosos para ver los muñecos de arcilla. Su obsesión llegaba hasta tal punto de que convirtió su hogar en una especie de bodega totalmente tomada por las figuras. Apenas utilizaba la cama, e incluso dormía en la bañera, porque el resto era un verdadero museo, en el que exponía las piezas, las limpiaba y las mimaba. Muchas desaparecieron, robadas por los vecinos, que le consideraban un loco, un tipo que se dedicaba en cuerpo y alma a coleccionar viejos objetos que nadie apreciaba.

Actualmente, por fin, las figuras de Acámbaro se encuentran organizadas y disponibles para su visita pública. Se pueden contemplar con estupor escenas de arcaicos seres humanos domesticando a pequeños reptiles, dinosaurios, grandes monos, cuadrúpedos con cabeza de pájaro, homínidos con cráneo de lagarto y cresta dorsal, serpientes con patas y cuernos, y muchos otros seres imposibles. En algunos casos, se muestran evidentes actos de zoofilia con reptiles. También hay junto a las figuras objetos de la vida cotidiana tales como las citadas máscaras y vasijas, pipas o instrumentos musicales.

Pero, ¿son auténticas las figuras de Acámbaro? ¿Demuestra este descubrimiento que el hombre tuvo contacto con dinosaurios? El Museo Waldemar Julsrud asegura que sí. Las mediciones realizadas en 1968 por el Laboratorio de Isótopos Inc. de New Jersey, a partir de las pruebas del carbono 14, fechan algunas de las figuras entre los años 1.110 antes de Cristo y 4.530 antes de Cristo En 1972, otras pruebas, esta vez mediante termoluminiscencia, realizadas por la Universidad de Pensilvania sobre 2 figuras, situaban su modelación en 2.500 años a.C. A pesar de que las pruebas se hicieron tan solo a unas pocas figuras, los resultados son concluyentes. Y también está el hecho de que Waldemar jamás quiso hacer negocio de su descubrimiento. Si todo fue una farsa, no fue Waldemar, su descubridor, quien estaba detrás de la gran mentira.

Las voces más críticas y agnósticas están convencidas, en cambio, de que las pruebas de termoluminiscentes y de carbono 14 no son suficientes para determinar la antigüedad de la pieza, sino únicamente de la materia. Podría ser que en el yacimiento se encontrara verdadera arcilla de hace 4.000 años, pero las figuras hubieran sido fabricadas a posteriori. Además, una de las cosas más extrañas, y que habrá llamado la atención a cualquiera que esté leyendo esto, es el papel de Otilón Tinajero en el descubrimiento: tal como admitió tanto el propio Julsrud como sus descendientes y los propios responsables del museo, Waldemar pagó dinero por cada pieza encontrada, y no es nada descabellado suponer que sólo unas pocas de las piezas sean reales y daten de la época que se les presupone, pero el resto podían haber sido moleadas personalmente por Otilón, y no serían sino fruto de su propia imaginación.

Los verdaderos creyentes (entre otros, por supuesto, el Museo de Waldemar) aseguran que esto es imposible, ya que no tiene mucho sentido que centenares de acambareños se dedicaran a fabricar las 37.000 figuras personalmente, en serie, para repartirse un peso por cada una entre todos. Pero haciendo caso de la lógica, supongo que debemos hacer caso a esta última tesis. Las figuras que representan dinosaurios, draconianos o mexicanos luchando con tiranosaurios probablemente fueron fruto de la imaginación de Otilón Tinajero y sus ayudantes, y no es necesario, por el momento, quemar todos los libros que hablan de la Prehistoria tal como la concebimos actualmente.
Duda Revista
Alguien contó esta misma historia de otra manera. Concretamente en forma de tebeo, para el nº 474 de la revista mexicana Duda, publicado el 30 de julio de 1980. Bajenlo de esta direccion a continuacion:
http://www.sendspace.com/file/epkltw
http://www.sendspace.com/file/epkltw

Fuente: http://frunobuland.blogspot.com/2005/12/el-misterio-de-los-muequitos-de.html


2 comentarios:

LATIN dijo...

Muy interesante información.

mofuniplo dijo...

Interesante y muy didactico buenisima informacion